Raúl Fernández recoge su medalla de Campeón del Mundo Júnior

La Federación Internacional de Motociclismo reconoce a todos los campeones del mundo en una ceremonia en Andorra

 

El piloto del Ángel Nieto Team Raúl Fernández ha recogido este fin de semana su reconocimiento como Campeón del Mundo Júnior en una ceremonia organizada por la Federación Internacional de Motociclismo (FIM) en Andorra. Fernández, que se convirtió en el primer piloto español en vencer el Mundial Júnior de Moto3 y sucede a tres pilotos italianos en el palmarés de la competición, llegará así como campeón a la temporada 2019, en la que se estrenará como piloto permanente del Mundial de Moto3 con el Ángel Nieto Team.

 

 

¿Cuál será tu objetivo en 2019?

Voy a estar, desde el primer momento, con los pies en el suelo. La mentalidad es intentar estar con el grupo delantero, con los pilotos más fuertes. Los cuatro primeros clasificados de 2018 han subido de categoría, pero sigue habiendo pilotos muy fuertes. Como en el fútbol, cuando un equipo no para de atacar, se acerca a la otra portería,… y al final acaba marcando, yo haré igual, y sin dejar de trabajar al final los resultados irán llegando.

Por suerte tengo detrás a un gran equipo y a mi familia, que me han ayudado en los momentos difíciles y que me han acompañado en los momentos más felices. El año pasado, por ejemplo, me habría encantado subir al Mundial, pero me faltaba madurez y me hicieron ver que la única forma de mejorar era mantenerme en el Mundial Júnior y seguir trabajando. Y he pasado de la vigésimo octava posición en 2017 al título en 2018. Y lo más gracioso… es que a finales del año pasado, en el cumpleaños de mi madre que es en diciembre, mi padre se jugó un coche conmigo a que no ganaba el título. Claro, yo no tenía nada que perder, así que acepté la apuesta. 

 

 

Es complicado pensar que en un año victorioso como este haya habido situaciones difíciles.

Pues ha habido tres momentos clave en los que lo pasé mal. El primero, el jueves de Portugal: llegamos a la primera carrera después de un año de muchas caídas y en una de las primeras sesiones me caí. No entendía qué había pasado y tuve que respirar hondo, porque volvieron miedos del pasado. Me sentía mal porque me pasó otro piloto y no pude seguirle. Yo sólo quería subir al podio, llegaba de un año difícil y las ganas me pudieron un poco.

El segundo por orden cronológico, pero posiblemente el momento negativo más destacado, llegó en Barcelona en junio. Después de dos podios y una victoria en las cuatro primeras carreras, allí no nos encontrábamos y no entendíamos qué sucedía, pero no me salían los tiempos, no disfrutaba. Tenía la mente puesta en el Mundial también, porque corríamos la semana siguiente como invitados, y no sabía por dónde cogerlo.

El tercero nos tocó en Jerez, a finales de septiembre, aunque no fue tan complicado. Como me dice Nico Terol, siempre hay que dar el cien por cien con lo que hay y ese fue un momento en el que lo cumplí. Supe engancharme al grupo, aunque no salía desde las primeras filas, y mantener la calma porque sabía que en la última curva siempre pasaba algo. Siempre me ha gustado repasarme la carrera del año anterior y vi que siempre pasaba algo en la última curva en Jerez. Podría haber entrado a luchar por posiciones delanteras, pero no lo hice, y se fueron tres pilotos al suelo. Puedes llamarlo la suerte del campeón, pero lo vi venir y me esperé. Subimos al podio y seguimos sumando, que es como se gana un título.

Como en 2017 no podía estar delante, durante parte de 2018 seguía sin creerme que fuera capaz de estar ahí. Hasta que no llegamos a Aragón y competimos en el Mundial, en septiembre, no fui consciente de que podía hacerlo, de que rodando sólo era capaz de marcar un buen ritmo. Y me di cuenta de que, si eres constante, quizá no te llevas la pole, pero luego en carrera tienes ritmo y puedes luchar por todo. Ahora, psicológicamente he dado un paso adelante.

 

Para que haya momentos difíciles, también tiene que haber momentos buenos.

Aquí destacaría, sobre todo, las victorias. La primera de la temporada, que fue en Valencia, la de Aragón y la de Albacete. Cuando consigues un podio puede ser por casualidad, pero el de Valencia fue un triunfo de haber sabido leer la carrera. Venía de ser cuarto cuando podía haber terminado segundo, porque me salí de la trazada cuando se coló uno. En esa carrera sabía que había viento y que éramos tres candidatos a la victoria. Mis otros dos rivales se cayeron, y desde ahí inicié un ritmo constante que me permitió escaparme del resto.

En 2017 no podía pelear en el grupo, porque el resto de pilotos se nos escapaban por aceleración, pero este año en Aragón rodaba en grupo pero sabía que tenía la carrera en la mano. Y luego, en Albacete desde el primer momento fui consciente de que podía ganar, que era más rápido que nadie. El viernes ya bajé del récord y el sábado lo repetí en el cronometrado. Y eso que me volvió el pensamiento negativo de “a ver si no puedes hacerlo” que había tenido el año pasado. El equipo me tranquilizó y rodé en 1.34. Les dije que podía bajar de 1:34 y me pidieron que fuera con cabeza, pero marqué 1:33.9. Luego, el domingo, en la carrera de antes de Moto3, en la que corría mi hermano, noté que los pilotos iban muy rápido, que iban tocando el codo aunque era en condiciones de mojado. Decidí apretar desde la primera vuelta porque detecté que el límite era bastante alto. Intuí que a los demás pilotos les costaría llegar y aproveché para escaparme, ganar y acercarme mucho más al título.